Páginas

Mostrando entradas con la etiqueta inconsciente. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta inconsciente. Mostrar todas las entradas

miércoles, 8 de septiembre de 2021

ABRIR LA CONSCIENCIA”? ¿AL INCONSCIENTE?


Queremos hacer una reflexión sobre la expresión coloquial de moda que dice “abrir la consciencia”.

Es una expresión que suena bien, parece que se refiere a la apertura a un pensamiento menos cerrado, que es capaz de enfocar de manera diferente a las propias, las ideas ajenas a nuestra concepción. Abriendo nuestra comprensión.

 

Como apertura de pensamiento es una buena idea. Pero, como psicoanalistas, nos hallamos con un interrogante; porque estamos familiarizados con la idea de trabajar el inconsciente, en el sentido de la superación de sus bloqueos y conflictos provenientes de viejos condicionamientos infantiles, lo que está lejos de un trabajo de la consciencia.

 

Por eso decimos en el título del artículo, ¿se abre al inconsciente? ¿A qué se abre la consciencia? ¿Abrir la consciencia es un movimiento interior a la consciencia misma?

 

En la teoría freudiana del inconsciente la consciencia es su efecto. De tal modo que, superando los bloqueos inconscientes, la consciencia sufre un efecto benéfico. Si yo pensaba, por ejemplo, que siempre tenía la razón; al darme cuenta de mis limitaciones, me volvía más empático y reflexivo con muchos beneficios en la vida. Más que darme cuenta, habría que decir que es el inconsciente el que se da cuenta.

 

Mi inconsciente dejaba de estar regido por una idea omnipotente y se relativizaba la concepción que tenía de mí mismo. Esta posición, que provenía de experiencias de la infancia, al ser superadas, modificaba mis concepciones conscientes.

 

También está alejada de la concepción que superar el conflicto inconsciente se produce al hacerlo consciente; como un hacer consciente lo inconsciente, lo que piensan incluso muchos psicoanalistas.

 

La verdad es que la comprensión consciente no siempre resuelve el bloqueo, el miedo o el conflicto infantil anclado en el inconsciente.

 

Lo que lo resuelve es la modificación misma de la idea inconsciente. Para lograr esta modificación no hay que irse de paseo por la consciencia ni por la conducta, ni por la educación. Es un proceso propio de lo inconsciente. Con esto nos hallamos en el tratamiento del psicoanálisis.

lunes, 21 de junio de 2021

DESEO DE MUERTE NEOLIBERAL. La noción de humanidad.



En una conversación entre amigos se decía que los nueve mil millones de habitantes del mundo son más de los que se pueden sostener en una economía moderna.

La capacidad económica instalada puede funcionar con dos mil millones de personas. Los demás no caben en el sistema, por lo que están condenados a morir. Porque la economía no da para mantener a más gente, no porque nadie quiera ese destino.

En realidad, no es verdad que no dé para más, sino que las políticas económicas son restrictivas y están diseñadas para servir trabajar con el 20 % de la población, que es diferente.

¿Por qué se las ha planificado de este modo? Si hay que hacer una revisión del modelo económico nos hallaríamos ante un problema. La dificultad por lo tanto no consiste en que no sea posible hacerlo, sino en la voluntad política para ello.

Es en este punto de la reflexión sobre el modelo económico del neo liberalismo, que cabe la presencia del deseo inconsciente que determina esta realidad. Junto con otras determinaciones, como la económica, la social y la ideológica, esta determinación subjetiva es fundamental, porque toda la estructura de las herramientas de la economía está diseñada con base en la falta de interés en la inclusión económica de la humanidad.

El concepto mismo de humanidad está ausente; no existe en la agenda del pensamiento neo liberal.

¿Qué humanidad? Siguen diciendo los amigos que reflexionan sobre el problema. La humanidad somos nosotros. ¿Los demás? de malas. No hay interés porque no existe el concepto de humanidad. En el sentido común del neoliberal, lo que más se acerca a este concepto es la idea de masa; algo despersonalizado a lo que difícilmente se puede considerar humano.

En dicha mentalidad existe un deseo inconsciente de eliminación de la mayoría.

Si levantamos la vista vemos que esta eliminación ya está en marcha; lo cual a nuestro entender es una prueba en acción, de este deseo.

 

domingo, 31 de enero de 2016

PSICOANÁLISIS. NO HACER CONSCIENTE LO INCONSCIENTE SINO VOLVER PASADO EL PASADO.



Dice Samanta Schweblin: Hay una frase de David Clowes que recito de memoria cada vez que no sé cuál será el siguiente paso:

“Hay que aprender a tirar las historias a la basura, y usar lo que queda de ellas sólo como influencia”.
Es mi manera de aceptar las manchas y, sobre las manchas, bordar algo del futuro”.

Me parece un adecuado enfoque de la elaboración inconsciente que plantea el psicoanálisis. El pasado, cernido a través de las nuevas adquisiciones queda desarmado y se convierte en materia prima para la nueva personalidad.

lunes, 19 de diciembre de 2011

CRISIS: NO PASA NADA Y PASA TODO. LA CADENA SIGNIFICANTE GIRANDO EN EL VACIO.

Un comentarista radial esta mañana expresó su asombro de que un rumor negativo hiciera caer países y una declaración positiva los salvara. Se preguntaba con buen sentido, cuál era la naturaleza de la situación actual para que las palabras tuvieran tanto efecto sobre la realidad.

Se ha instalado una situación de desconfianza dentro de una sociedad en que la verdad está sustituida por eufemismos.

Un sentimiento en medio de un vacío, hace que los rumores y opiniones resuenen como ecos confusos que impactan nuestros más profundos temores.

Sufrimos un déficit de palabras significativas.

lunes, 21 de noviembre de 2011

SIGNIFICANTE, CREACIÓN, BARBARIE

En el artículo del periódico El Mundo, España, 5.08.2011, “El extremismo maligno”, dicen Gustavo de Arístegui y San Román refiriéndose a los cercanos hechos de Oslo:

“Extremismo, radicalidad y odio, como síntoma de una gravísima enfermedad que aqueja a una parte lamentablemente significativa de la humanidad, que justifican la violencia más sanguinaria”.

Nadie puede estar en desacuerdo con esta valoración, pero vamos a plantearnos el interrogante eterno de qué es el ser humano para poder llegar a estos extremos de barbarie.

No estamos planteándonos el interrogante desde un punto de vista ético o moral, sino funcional o mecánico.

Desde el punto de vista del psicoanálisis podemos decir que es a causa del significante.

Como lo hemos desarrollado en otros post, los significantes del psiquismo, son los ladrillos con los que está formado el inconsciente, que a su vez determina los contenidos de la conciencia.

Es una función mecánica. Una construcción de símbolos que se arman como piezas de un puzzle, que se van relacionando entre sí en distintas combinaciones durante la evolución de la personalidad.

Según la combinación que toman en lo inconsciente, un nuevo sentido se produce en la consciencia.

Esto no justifica nada pero explica bastante de los extremos del humanito.

Freud ante la pregunta de qué hacer con ello, decía preferir el trabajo y el amor.

domingo, 23 de enero de 2011

NO SE TRATA DE HACER CONSCIENTE LO INCONSCIENTE SINO DE CONVERTIR EL PASADO EN PASADO

La concepción de la cura como toma de conciencia - hacer consciente lo inconciente – se queda corta. Suele ser un paso necesario, pero no suficiente.

Por ejemplo, cuando un paciente se presenta en Alcohólicos Anónimos, dirá ante los compañeros del grupo: “soy alcohólico”. Se lo toma como un comienzo.

Si no nos damos cuenta que tenemos un problema, tomar conciencia del mismo puede ser el primer paso para solucionarlo.

Sin embargo hemos visto a personas conscientes de los errores que cometen, darse buenos consejos a sí mismos, sin ser capaces de hacerse caso.

Es necesario un trabajo en la personalidad, antes de que la toma de conciencia pueda resolver el problema.

Es parecido a lo que ocurre en el campo social con la ideología:

Muchos han pensado que si una persona o grupo toma conciencia del error de sus ideas, cambiará de forma de actuar.

Muchos movimientos políticos se han embarcado en esta visión de las cosas y su fracaso ha demostrado que la ideología no es sólo un problema de la conciencia, sino que está, por decirlo así, encarnada. Resulta necesario un proceso de trabajo sobre la experiencia para cambiarla.

Recuerdo a un señor que me consultó el caso de su hijita de 10 años que sufría repetidas crisis de angustia y depresión.

La niña estaba en tratamiento psicológico y la familia me solicitaba una segunda opinión.

Me dí cuenta que la familia, como suele ocurrir en los niños con cuadros sintomáticos, estaba implicada en el problema del que la niña era un síntoma y que el terapeuta tenía en cuenta esta situación.

Les recomendé que persistieran en el tratamiento, porque el psicólogo parecía estar haciendo bien las cosas y veía que la niña iba a necesitar bastante más tiempo de terapia que los cuatro meses que llevaba hasta ese momento. Les dije que si tenían mucha paciencia dándole el tiempo suficiente al tratamiento, ella empezaría a crecer.

Después de varios años volví a ver al padre. Me dijo que la niña estaba muy bien, habiendo superado los largos años de dificultades psicológicas que padecía al momento de la consulta.

Me acordé que en aquella ocasión le había dicho que llegaría un momento en que algo en su mente haría clic, y empezaría a superar la tendencia depresiva y de allí en adelante se le abriría otro camino.

Fue curioso escucharle decir al padre que “lo del clic” había sido así, y que para llegar a ese momento fue necesario mucho trabajo. Había muchas situaciones inconcientes que tuvieron que elaborar, tanto la niña como sus familiares, dijo.

En este caso, el problema de “toma de conciencia” queda bien situado.

Criticamos la cura como toma de conciencia porque deja de lado el concepto de trabajo, necesario para que los conflictos inconcientes se resuelvan.

Algunos problemas se harán conscientes como parte de su resolución, y otros no sabrá el paciente como se resolvieron.

Llevado por esta concepción hemos visto que a veces el terapeuta le dice al paciente con cierto enfado: — No fastidie, tome conciencia — con la idea que al hacerlo todo quedará arreglado, como si se tratara de un ejercicio de voluntad, cuando no lo hace a propósito sino obligado por su condicionamiento inconsciente.

Conviene aclarar que en la dirección contraria, cuando una persona está lista para un cambio y le falta tomar conciencia del problema, este puede ser el paso final para el cambio. En estos casos podemos tener razón en que tomar conciencia lleva a la solución, pero es la excepción a la regla y no debe tomarse como ley general.

La noción de cura como toma de conciencia se halla englobada en una idea más general, que es la filosofía de la comprensión o filosofía de la conciencia, que supone que los procesos mentales son en su totalidad conscientes.

Desde el punto de vista del psicoanálisis entendemos que existen procesos inconcientes que determinan la conciencia.

Esta cuestión puede verse desde el punto de vista del síntoma:

El síntoma es como una señal de carretera que nos dice que vayamos en una dirección: — Mira en esta dirección que allí tienes algo que aprender —. Los síntomas hablan.

— ¿De qué hablan?

— Del conflicto inconsciente que los produce.

Por ejemplo el alcohólico dirá:

Yo sé que beber me hace daño y que dejarlo me cambiaría la vida, pero no puedo.

El sujeto es consciente del problema, pero no puede hacer caso del consejo que le da su conciencia.

— ¿Por qué no puede dejar de lado el alcohol, sabiendo que le hace mal?

— Porque el alcoholismo, es un síntoma de una historia de conflictos emocionales que han dejado marcas en su personalidad.

Hasta aquí todo el mundo lo entiende.

Pero de aquí en adelante se abren dos caminos distintos para la solución del problema.

Uno es el que considera que tomando consciencia y poniendo de su parte, mediante la voluntad se resolverá el problema.

Y el del psicoanálisis:

— Que la dependencia al alcohol es un síntoma de conflictos inconcientes que hay que resolver, por lo que su cura dependerá de que estos se resuelvan. Por supuesto que la voluntad sigue siendo un factor necesario.

Los conflictos están encarnados en el inconsciente por lo que el método psicoanalítico trabaja en “transferencia”.

Este concepto producido por Freud, significa que los traumas que han marcado la personalidad del sujeto, son concentrados como por un embudo en la relación que el paciente lleva adelante con el psicoanalista, y allí encuentran un camino de cambio, en tanto se vuelven a vivir en la relación con el analista y en ella pueden resolverse de una mejor forma que la que ocurrió en su pasado. Es lo que se llama “Neurosis de transferencia”.

Freud decía de la transferencia del psicoanálisis: “La cura no se produce en ausencia ni en efigie”.

Vale decir que no se produce por una vía de comprensión, en ausencia de lo vivido, ni por representación de lo vivido, sino volviéndolo a vivir, en la evocación de lo vivido.

Hace unos días, una psiquiatra le dijo a una de mis pacientes, criticando su psicoanálisis, que no se puede cambiar el pasado.

Este es un error común cuando no se tiene en cuenta el concepto de inconsciente. Se habla del pasado real cuando se trata del pasado psíquico, que es aquello vivido en el pasado que no deja de machacarnos el presente.

No se trata de cambiar el pasado material de los hechos sucedidos, como si tuviéramos una máquina del tiempo en que viajamos al momento en que fijó el conflicto, para así vivirlo de otra manera.

Quitar en el presente las marcas traumáticas que lo vivido ha dejado, es a lo que nos referimos como cambiar el pasado.

Es por ese error de concepción que deja de lado lo inconsciente, que se puede decir que no es posible cambiar el pasado en la personalidad del sujeto.ra como toma de conciencia - hacer consciente lo inconciente – se queda corta. Suele ser un paso necesario, pero no suficiente.

Por ejemplo, cuando un paciente se presenta en Alcohólicos Anónimos, dirá ante los compañeros del grupo: “soy alcohólico”. Se lo toma como un comienzo.

Si no nos damos cuenta que tenemos un problema, tomar conciencia del mismo puede ser el primer paso para solucionarlo.

Sin embargo hemos visto a personas conscientes de los errores que comenten, darse buenos consejos a sí mismos, sin ser capaces de hacerse caso.

Es necesario un trabajo en la personalidad, antes de que la toma de conciencia pueda resolver el problema.

Es parecido a lo que ocurre en el campo social con la ideología:

Muchos han pensado que si una persona o grupo toma conciencia del error de sus ideas, cambiará de forma de actuar.

Muchos movimientos políticos se han embarcado en esta visión de las cosas y su fracaso ha demostrado que la ideología no es sólo un problema de la conciencia, sino que está, por decirlo así, encarnada. Resulta necesario un proceso de trabajo sobre la experiencia para cambiarla.

Recuerdo a un señor que me consultó el caso de su hijita de 10 años que sufría repetidas crisis de angustia y depresión.

La niña estaba en tratamiento psicológico y la familia me solicitaba una segunda opinión.

Me dí cuenta que la familia, como suele ocurrir en los niños con cuadros sintomáticos, estaba implicada en el problema del que la niña era un síntoma y que el terapeuta tenía en cuenta esta situación.

Les recomendé que persistieran en el tratamiento, porque el psicólogo parecía estar haciendo bien las cosas y veía que la niña iba a necesitar bastante más tiempo de terapia que los cuatro meses que llevaba hasta ese momento. Les dije que si tenían mucha paciencia dándole el tiempo suficiente al tratamiento, ella empezaría a crecer.

Después de varios años volví a ver al padre. Me dijo que la niña estaba muy bien, habiendo superado los largos años de dificultades psicológicas que padecía al momento de la consulta.

Me acordé que en aquella ocasión le había dicho que llegaría un momento en que algo en su mente haría clic, y empezaría a superar la tendencia depresiva y de allí en adelante se le abriría otro camino.

Fue curioso escucharle decir al padre que “lo del clic” había sido así,y que para llegar a ese momento fue necesario mucho trabajo. Había muchas situaciones inconcientes que tuvieron que elaborar, tanto la niña como sus familiares, dijo.

En este caso, el problema de “toma de conciencia” queda bien situado.

Criticamos la cura como toma de conciencia porque deja de lado el concepto de trabajo, necesario para que los conflictos inconcientes se resuelvan.

Algunos problemas se harán conscientes como parte de su resolución, y otros no sabrá el paciente como se resolvieron.

Llevado por esta concepción hemos visto que a veces el terapeuta le dice al paciente con cierto enfado: — No fastidie, tome conciencia — con la idea que al hacerlo todo quedará arreglado, como si se tratara de un ejercicio de voluntad, cuando no lo hace a propósito sino obligado por su condicionamiento inconsciente.

Conviene aclarar que en la dirección contraria, cuando una persona está lista para un cambio y le falta tomar conciencia del problema, este puede ser el paso final para el cambio. En estos casos podemos tener razón en que tomar conciencia lleva a la solución, pero es la excepción a la regla y no debe tomarse como ley general.

La noción de cura como toma de conciencia se halla englobada en una idea más general, que es la filosofía de la comprensión o filosofía de la conciencia, que supone que los procesos mentales son en su totalidad concientes.

Desde el punto de vista del psicoanálisis entendemos que existen procesos inconcientes que determinan la conciencia.

Esta cuestión puede verse desde el punto de vista del síntoma:

El síntoma es como una señal de carretera que nos dice que vayamos en una dirección: — Mira en esta dirección que allí tienes algo que aprender —. Los síntomas hablan.

— ¿De qué hablan?

— Del conflicto inconsciente que los produce.

Por ejemplo el alcohólico dirá:

Yo sé que beber me hace daño y que dejarlo me cambiaría la vida, pero no puedo.

El sujeto es consciente del problema, pero no puede hacer caso del consejo que le da su conciencia.

— ¿Por qué no puede dejar de lado el alcohol, sabiendo que le hace mal?

— Porque el alcoholismo, es un síntoma de una historia de conflictos emocionales que han dejado marcas en su personalidad.

Hasta aquí todo el mundo lo entiende.

Pero de aquí en adelante se abren dos caminos distintos para la solución del problema.

Uno es el que considera que tomando consciencia y poniendo de su parte, mediante la voluntad se resolverá el problema.

Y el del psicoanálisis:

— Que la dependencia al alcohol es un síntoma de conflictos inconcientes que hay que resolver, por lo que su cura dependerá de que estos se resuelvan. Por supuesto que la voluntad sigue siendo un factor necesario.

Los conflictos están encarnados en el inconsciente por lo que el método psicoanalítico trabaja en “transferencia”.

Este concepto producido por Freud, significa que los traumas que han marcado la personalidad del sujeto, son concentrados como por un embudo en la relación que el paciente lleva adelante con el psicoanalista, y allí encuentran un camino de cambio, en tanto se vuelven a vivir en la relación con el analista y en ella pueden resolverse de una mejor forma que la que ocurrió en su pasado. Es lo que se llama “Neurosis de transferencia”.

Freud decía de la transferencia del psicoanálisis: “La cura no se produce en ausencia ni en efigie”.

Vale decir que no se produce por una vía de comprensión, en ausencia de lo vivido, ni por representación de lo vivido, sino volviéndolo a vivir, en la evocación de lo vivido.

Hace unos días, una psiquiatra le dijo a una de mis pacientes, criticando su psicoanálisis, que no se puede cambiar el pasado.

Este es un error común cuando no se tiene en cuenta el concepto de inconsciente. Se habla del pasado real cuando se trata del pasado psíquico, que es aquello vivido en el pasado que no deja de machacarnos el presente.

No se trata de cambiar el pasado material de los hechos sucedidos, como si tuviéramos una máquina del tiempo en que viajamos al momento en que fijó el conflicto, para así vivirlo de otra manera.

Quitar en el presente las marcas traumáticas que lo vivido ha dejado, es a lo que nos referimos como cambiar el pasado.

Es por ese error de concepción que deja de lado lo inconsciente, que se puede decir que no es posible cambiar el pasado en la personalidad del sujeto.La concepción de la cura como toma de conciencia - hacer consciente lo inconciente – se queda corta. Suele ser un paso necesario, pero no suficiente.

Por ejemplo, cuando un paciente se presenta en AlcohólicosAnónimos, dirá ante los compañeros del grupo: “soy alcohólico”. Se lo toma como un comienzo.

Si no nos damos cuenta que tenemos un problema, tomar concienciadel mismo puede ser el primer paso para solucionarlo.

Sin embargo hemos visto a personas concientes de los errores que comenten, darse buenos consejos a sí mismos, sin ser capaces de hacerse caso.

Es necesario un trabajo en la personalidad, antes de que la toma de conciencia pueda resolver el problema.

Es parecido a lo que ocurre en el campo social con la ideología:

Muchos han pensado que si una persona o grupo toma conciencia del error de sus ideas, cambiará de forma de actuar.

Muchos movimientos políticos se han embarcado en esta visión de las cosas y su fracaso ha demostrado que la ideología no es sólo un problema de la conciencia, sino que está, por decirlo así, encarnada. Resulta necesario un proceso de trabajo sobre la experiencia para cambiarla.

Recuerdo a un señor que me consultó el caso de su hijita de 10 años que sufría repetidas crisis de angustia y depresión.

La niña estaba en tratamiento psicológico y la familia me solicitaba una segunda opinión.

Me dí cuenta que la familia, como suele ocurrir en los niños con cuadros sintomáticos, estaba implicada en el problema del que la niña era un síntoma y que el terapeuta tenía en cuenta esta situación.

Les recomendé que persistieran en el tratamiento, porque el psicólogo parecía estar haciendo bien las cosas y veía que la niña iba a necesitar bastante más tiempo de terapia que los cuatro meses que llevaba hasta ese momento. Les dije que si tenían mucha paciencia dándole el tiempo suficiente al tratamiento, ella empezaría a crecer.

Después de varios años volví a ver al padre. Me dijo que la niña estaba muy bien, habiendo superado los largos años de dificultades psicológicas que padecía al momento de la consulta.

Me acordé que en aquella ocasión le había dicho que llegaría un momento en que algo en su mente haría clic, y empezaría a superar la tendencia depresiva y de allí en adelante se le abriría otro camino.

Fue curioso escucharle decir al padre que “lo del clic” había sido así,y que para llegar a ese momento fue necesario mucho trabajo. Había muchas situaciones inconcientes que tuvieron que elaborar, tanto la niña como sus familiares, dijo.

En este caso, el problema de “toma de conciencia” queda bien situado.

Criticamos la cura como toma de conciencia porque deja de lado el concepto de trabajo, necesario para que los conflictos inconcientes se resuelvan.

Algunos problemas se harán concientes como parte de su resolución, y otros no sabrá el paciente como se resolvieron.

Llevado por esta concepción hemos visto que a veces el terapeuta le dice al paciente con cierto enfado: — No fastidie, tome conciencia — con la idea que al hacerlo todo quedará arreglado, como si se tratara de un ejercicio de voluntad, cuando no lo hace a propósito sino obligado por su condicionamiento inconsciente.

Conviene aclarar que en la dirección contraria, cuando una persona está lista para un cambio y le falta tomar conciencia del problema, este puede ser el paso final para el cambio. En estos casos podemos tener razón en que tomar conciencia lleva a la solución, pero es la excepción a la regla y no debe tomarse como ley general.

La noción de cura como toma de conciencia se halla englobada en una idea más general, que es la filosofía de la comprensión o filosofía de la conciencia, que supone que los procesos mentales son en su totalidad concientes.

Desde el punto de vista del psicoanálisis entendemos que existen procesos inconcientes que determinan la conciencia.

Esta cuestión puede verse desde el punto de vista del síntoma:

El síntoma es como una señal de carretera que nos dice que vayamos en una dirección: — Mira en esta dirección que allí tienes algo que aprender —. Los síntomas hablan.

— ¿De qué hablan?

— Del conflicto inconsciente que los produce.

Por ejemplo el alcohólico dirá:

Yo sé que beber me hace daño y que dejarlo me cambiaría la vida, pero no puedo.

El sujeto es conciente del problema, pero no puede hacer caso del consejo que le da su conciencia.

— ¿Por qué no puede dejar de lado el alcohol, sabiendo que le hace mal?

— Porque el alcoholismo, es un síntoma de una historia de conflictos emocionales que han dejado marcas en su personalidad.

Hasta aquí todo el mundo lo entiende.

Pero de aquí en adelante se abren dos caminos distintos para la solución del problema.

Uno es el que considera que tomando consciencia y poniendo de su parte, mediante la voluntad se resolverá el problema.

Y el del psicoanálisis:

— Que la dependencia al alcohol es un síntoma de conflictos inconcientes que hay que resolver, por lo que su cura dependerá de que estos se resuelvan. Por supuesto que la voluntad sigue siendo un factor necesario.

Los conflictos están encarnados en el inconsciente por lo que el método psicoanalítico trabaja en “transferencia”.

Este concepto producido por Freud, significa que los traumas que han marcado la personalidad del sujeto, son concentrados como por un embudo en la relación que el paciente lleva adelante con el psicoanalista, y allí encuentran un camino de cambio, en tanto se vuelven a vivir en la relación con el analista y en ella pueden resolverse de una mejor forma que la que ocurrió en su pasado. Es lo que se llama “Neurosis de transferencia”.

Freud decía de la transferencia del psicoanálisis: “La cura no se produce en ausencia ni en efigie”.

Vale decir que no se produce por una vía de comprensión, en ausencia de lo vivido, ni por representación de lo vivido, sino volviéndolo a vivir, en la evocación de lo vivido.

Hace unos días, una psiquiatra le dijo a una de mis pacientes, criticando su psicoanálisis, que no se puede cambiar el pasado.

Este es un error común cuando no se tiene en cuenta el concepto de inconsciente. Se habla del pasado real cuando se trata del pasado psíquico, que es aquello vivido en el pasado que no deja de machacarnos el presente.

No se trata de cambiar el pasado material de los hechos sucedidos, como si tuviéramos una máquina del tiempo en que viajamos al momento en que fijó el conflicto, para así vivirlo de otra manera.

Quitar en el presente las marcas traumáticas que lo vivido ha dejado, es a lo que nos referimos como cambiar el pasado.

Es por ese error de concepción que deja de lado lo inconsciente, que se puede decir que no es posible cambiar el pasado en la personalidad del sujeto.

domingo, 9 de mayo de 2010

LA INSTANCIA DE LA LETRA EN EL INCONSCIENTE O LA RAZÓN DESDE FREUD

Este título de Lacan nos plantea que el inconsciente está estructurado según las leyes del lenguaje y que nada hay humano por fuera del lenguaje.

¿ Qué significa esto?

Hasta que Freud produce el concepto de inconsciente y muestra los mecanismos que en él funcionan, la razón estaba entendida desde la idea de que los significados de las cosas discutían entre sí según las normas de la lógica consciente. Con Descartes, y su "Pienso, luego existo", es gracias a que soy consciente de los significados de mis ideas que me armo el ser.

Desde Freud, el sujeto es hablado por el lenguaje, efecto del lenguaje, siguiendo la retórica del génesis en que el poeta evangelista San Juan dice, Soy hablado.

La descripción freudiana deja en el lugar de la causa del ser al lenguaje.

El pensamiento a partir de Freud está producido por mecanismos de lenguaje, previos a las ideas que son su contenido.

lunes, 12 de abril de 2010

SIN OBSESIÓN LA VIDA NO TIENE SENTIDO


Le di a la palabra obsesión el sentido de la pasión y vi que es cierto que la pasión mueve la vida psíquica.

Esto, por otra parte, es el mensaje de la excelente película “El secreto de sus ojos”, de reciente factura en el cine argentino.

Para dar más interés a la cuestión, puse al tanto a José, el dueño del bar y a la sazón uno de mis consejeros en futbol y psicología. José se manifestó radicalmente de acuerdo con el concepto y, haciendo un looping con su mirada a través del ventanal, me habló “del trasero de las chicas”. A renglón seguido se puso a hablar del carnaval de Río; pero esa es otra historia.


Si alguien me pregunta cómo se enfoca la pasión desde el punto de vista del psicoanálisis, respondería que el deseo inconsciente mueve el engranaje.

domingo, 24 de enero de 2010

LA ESCRITURA COMO FUNCIÓN SOCIAL

Según a quien se dirige el escritor, a quién habla el hablante, es lo que dice. Si se habla al amigo, a la novia, a la mamá, se desarrolla lo que permite el encuentro con las ideas del interlocutor; y si lo hace con más personas, con el mundo, se dice lo que tiene lugar en el entrecruzamiento con el mundo. Tampoco es la propia ideología del escritor la que produce sus ideas, que son producto de su ideología en un comienzo y se van convirtiendo en el trabajo del mundo. En este sentido, la escritura es una función social.

Freud escribe en una época en que el conocimiento entendía que la verdad del sujeto no era lo evidente, sino lo que estaba latente en lo evidente. En ese molde construye la teoría del inconsciente.


sábado, 16 de enero de 2010

EL SUEÑO DEL HUMANITO Y LA BELLEZA


Anteanoche tuve un sueño. Fue, en su última parte, casi una pesadilla. Estaba tratando de explicar a alguien mi idea de la belleza, e iba buscando una imagen que la representara.

Recorríamos un paisaje que, poco a poco, llegaba al punto de la belleza. Se hacía rogar, pero finalmente apareció ante mis ojos.

Era una especie de edificio o elemento que destacaba sobre el llano, y fue definiéndose poco a poco.

En ese momento le dije a mi acompañante: Es eso, mira allí, allí está.

Al mismo tiempo que se iba definiendo la imagen, vi que estaba de pie, de forma inestable, sobre una cornisa de piedra; y curiosamente – en el sueño soy consciente de esta rareza – en el último instante en que la imagen de la belleza se concretaba, mis pies resbalaban hacia el vacío, y le pedía a mi amigo que me ayudase a sostenerme.

Asociaciones con el sueño:

Me parece una situación relacionada a la cuestión del significante. Lo natural es buscarlo, por lo cual, cuando lo encuentras, te ves amenazado. ¿Qué hacer, humanito, ante esta especie de condena a que la búsqueda obliga?

- Buscar, sin encontrar jamás, es tu destino.

Quien se empecina en quedarse con los productos de lo buscado, construyendo un mundo de cosas encontradas, se torna fanático y destructivo; tanto para él como para los otros.

El humanito, que se cree mucho y es poquito, tiene razones basadas en su dependencia inconsciente (del significante), para creerse mucho. Y para ser poquito también tiene razones: las de poner pies en polvorosa.