
La incorporación permanente de lo nuevo y su correspondiente producción de sentido dan lugar a lo bello que expresa esta movilidad propia del psiquismo.
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En las concepciones de la Grecia Clásica, de Platón por ejemplo, la belleza era considerada la máxima virtud. Creo que no la valoraban de un modo superficial o sólo referido a lo bonito de un cuerpo, sino que esta tenía esta consideración porque en ella hallaban coincidencia con la inteligencia.
Un lector podrá preguntarme si alguien estéticamente agraciado es por ello inteligente. De ninguna manera. Nos acordamos del chiste de barrio de la infancia en que los chicos decíamos que había una chavala bonita que se volvía nada apenas abría la boca, que se podía estar con ella en el lecho siempre que no la abriese. En fin, esto puede dar lugar a variadas lecturas críticas. Pero es cierto que más allá de lo bonito que es mera circunstancia, lo bello es lo que tiene inteligencia.
¿A qué inteligencia se referían los clásicos para que coincidiese con lo bello? A la del fundamento del humanito, cuando consigue que su mirada vea el carácter circunstancial de su ser teniendo al mismo tiempo el sentimiento absoluto de su sentido. La clave es la combinación precisa de sentido y sin sentido y su referencia teórica es la teoría del significante de Lacan.
Keats nos ilustra con su famosa frase: belleza es verdad y verdad es belleza y eso es todo lo que necesitas saber.

Lo delicado de la función de la teoría es que entre sus efectos está la producción de la personalidad.
Por eso estamos en contra de la concepción cognitiva conductual del sujeto, que produce un sujeto transmisor de información y estamos a favor del psicoanálisis, que produce la personalidad creativa de un sujeto de enigma.

Hablando de la pasión por las sectas, dice que en ellas el humanito alienado en las necesidades halla la embriaguez, el abandono de los sentidos. Se debe hacer algo más que encuestas parlamentarias o redadas policiales.
Se debería ofrecer a los seres humanos algo más satisfactorio, el sentimiento de lo sagrado, de la belleza y de la felicidad en la vida.
La desgracia existiría de todos modos, pero sólo sería aquella, indestructible, que pertenece al orden natural de las cosas.
Recorríamos un paisaje que, poco a poco, llegaba al punto de la belleza. Se hacía rogar, pero finalmente apareció ante mis ojos.
Era una especie de edificio o elemento que destacaba sobre el llano, y fue definiéndose poco a poco.
En ese momento le dije a mi acompañante: Es eso, mira allí, allí está.
Al mismo tiempo que se iba definiendo la imagen, vi que estaba de pie, de forma inestable, sobre una cornisa de piedra; y curiosamente – en el sueño soy consciente de esta rareza – en el último instante en que la imagen de la belleza se concretaba, mis pies resbalaban hacia el vacío, y le pedía a mi amigo que me ayudase a sostenerme.
Asociaciones con el sueño:
Me parece una situación relacionada a la cuestión del significante. Lo natural es buscarlo, por lo cual, cuando lo encuentras, te ves amenazado. ¿Qué hacer, humanito, ante esta especie de condena a que la búsqueda obliga?
- Buscar, sin encontrar jamás, es tu destino.
Quien se empecina en quedarse con los productos de lo buscado, construyendo un mundo de cosas encontradas, se torna fanático y destructivo; tanto para él como para los otros.
El humanito, que se cree mucho y es poquito, tiene razones basadas en su dependencia inconsciente (del significante), para creerse mucho. Y para ser poquito también tiene razones: las de poner pies en polvorosa.