
En el artículo del periódico El Mundo, España, 5.08.2011, “El extremismo maligno”, dicen Gustavo de Arístegui y San Román refiriéndose a los cercanos hechos de Oslo:
“Extremismo, radicalidad y odio, como síntoma de una gravísima enfermedad que aqueja a una parte lamentablemente significativa de la humanidad, que justifican la violencia más sanguinaria”.
Nadie puede estar en desacuerdo con esta valoración, pero vamos a plantearnos el interrogante eterno de qué es el ser humano para poder llegar a estos extremos de barbarie.
No estamos planteándonos el interrogante desde un punto de vista ético o moral, sino funcional o mecánico.
Desde el punto de vista del psicoanálisis podemos decir que es a causa del significante.
Como lo hemos desarrollado en otros post, los significantes del psiquismo, son los ladrillos con los que está formado el inconsciente, que a su vez determina los contenidos de la conciencia.
Es una función mecánica. Una construcción de símbolos que se arman como piezas de un puzzle, que se van relacionando entre sí en distintas combinaciones durante la evolución de la personalidad.
Según la combinación que toman en lo inconsciente, un nuevo sentido se produce en la consciencia.
Esto no justifica nada pero explica bastante de los extremos del humanito.
Freud ante la pregunta de qué hacer con ello, decía preferir el trabajo y el amor.