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sábado, 5 de septiembre de 2009

LA ESTRUCTURA PSÍQUICA DE LA IDEA ABSOLUTA

Es cierto que la a es la primera letra del alfabeto, que la realidad no es de cualquier forma, pero también es cierto que las verdades que tomamos como absolutas suelen estar condicionadas por sentimientos personales, por las formas de pensar, por las tendencias de nuestra personalidad, generadas a través de nuestra experiencia de vida.


También es cierto que la idea que tenemos de la realidad, lo que llamamos la verdad subjetiva, es ineludible, no podemos evitar que nos parezca verdadera, que se nos imponga como verdad. ¿De qué otra verdad, de qué otro criterio de vamos a dejarnos guiar, vamos a tomar como correcto, sino de aquel que creemos ver como verdad? Puede que nos equivoquemos y después, si es así tendremos que rectificar, pero en el momento en que creernos estar en lo cierto no tenemos otra salida que seguir nuestra idea.

Entre estos dos extremos de la verdad que corresponde a la realidad - la verdad objetiva y nuestra interpretación de la realidad - hay un ejercicio de la reflexión que es el pensamiento crítico.


Este pensamiento crítico es el que se observa cuando alguien dice, al verse confrontado por un argumento que está en desacuerdo con el suyo: lo respeto aunque no lo comparto.

Esta persona tiene un pensamiento crítico, porque es capaz de pensar que puede haber una forma de pensar diferente a la suya.


El que no tiene esta capacidad crítica ¿qué haría frente al que argumenta en contra de su razón? – Le diría a su interlocutor que sencillamente se equivoca.

En otro orden de consideraciones, desde el punto de vista del psicoanálisis, lo que mueve el pensamiento es lo que Freud llamó el deseo inconsciente. A este principio motor y generador del psiquismo freudiano, Lacan lo tomó para explicar que el pensamiento es un eterno buscador de verdades.


Justamente como el principio rector es el deseo, y para desear es necesario que haya algo que no se haya hallado – si no se cerraría el circuito del desear – el pensamiento funciona como un eterno buscador de verdad.


Como en el cuento oriental del buscador de la verdad que llega por fin a la presencia del maestro mayor, en una alta montaña en que el hombre santo medita; cuando le pregunta ¿Qué es la verdad? El maestro le contesta que la verdad es que todo fluye. Se hace un prolongado silencio que es interrumpido por un sobresalto del maestro que a su vez le pregunta: ¿Qué pasa? ¿No fluye?


Este chiste en serio expresa la verdad desde el punto de vista del psicoanálisis. Que fluye y que al mismo tiempo inevitablemente se ata a cada subjetividad producida en el sujeto en cada momento de su fluir.


Y con las verdades establecidas ¿Qué pasa? Porque es cierto que hay algunas verdades establecidas, como las que expresábamos al decir que la a es la primera letra el alfabeto, como ejemplo de lo indudable.


Estas verdades se van estableciendo, se van constituyendo como las constituciones políticas de las naciones, mediante la historia de la interlocución.

Podríamos decir que el ser humano es un ser de la interlocución. Según se van diciendo las cosas en las interlocuciones con otros seres humanos, se va constituyendo un régimen de verdades que van quedando establecidas. Relativas de todos modos a que otras interlocuciones eventualmente las puedan ir modificando, aunque su ratio de estabilidad es máximo en el sistema.

Tendríamos que cambiar todo el alfabeto para que la a no fuera su primera letra. Es posible, pero tendríamos seguramente otro idioma y muchas cosas habrían tenido que cambiar en el camino. Varias vidas, varios amores, varias guerras, por ejemplo. Algunos siglos quizás.


El hecho de que nuestra naturaleza esté sometida a esta necesidad deseante eterna, genera un estado perpetuo de incomodidad, de duda, de incertidumbre, del que no podemos escapar. Eso no significa que no lo intentemos, es más, nos pasamos la vida intentándolo.


Por eso, ante la posibilidad de creer o sentir que hay una idea absoluta, vale decir absolutamente segura, creer en ella será una de las mayores tentaciones que podrá sentir el hombre.


Como dice Estanislao Zuleta, ante la promesa de cualquier idea absoluta, multitudes de seres humanos estarán dispuestos a dar su sangre por defenderla.


Luis Schnitman

Madrid. 2.09.2009

jueves, 27 de noviembre de 2008

La “superación” del psicoanálisis:

Concepto de inconsciente
(Extracto de “Psicoanálisis y Criminología”. Estanislao Zuleta. Editorial Espejo. 1986. Medellín. Colombia)

El tema más importante de todos los que presenta el pensamiento de Freud, el más notable de sus descubrimientos es el del inconsciente, pero desgraciadamente también es el más difícil de todos los problemas que planteó en el estudio del hombre. El pensamiento de Freud en ningún punto como en este del inconsciente se contrapone más radicalmente – por no decir más escandalosamente – a la cultura de su tiempo. Hay una notable incompatibilidad entre lo que Freud propuso como esquema de la estructura psíquica y lo que toda la cultura de su tiempo había pensado del hombre. Hay una especial incompatibilidad, por ejemplo, entre el pensamiento de Freud y toda la doctrina evolucionista, en psicología, en antropología, en sociología; en filosofías como la de Hegel, todas las doctrinas fenomenológicas que surgieron contemporáneamente a su obra y que son radicalmente contrapuestas a su pensamiento, y por supuesto al pensamiento religioso de todo tipo y de toda índole, también se contraponen de la manera más clara, más abierta y más irreconciliable. Por lo tanto, para Freud era de esperar una gran oposición, silencio, rechazo, tergiversación, es decir, una pésima recepción para ese elemento extraño de la cultura de su época, el inconsciente.
A los filósofos que creen tener las cosas claras y tienen una refutación rápida a la manera sartriana, hablar de pensamientos inconscientes es una contradicción en los términos, es lo mismo que no hablar de nada, es como hablar de hielo frito, porque un pensamiento es consciente por definición y punto. Así, hablar de sentimientos inconscientes es algo tan ridículo como hablar de un sentimiento que no se siente, de sentimientos insensibles. De manera que los filósofos, que creen tener las ideas más claras, comenzaron a refutar el problema en sus propios términos, pero para su propia desgracia, el problema no solamente era un hueso duro de roer sino que también era difícil de sospechar, y una vez que Freud produjo el tema, tampoco era fácil ocultarlo y ocultar la obra que alrededor de ese tema seguía creciendo en el campo de la
antropología, de la lingüística, de la terapéutica y de la crítica literaria. Esto no se podía acallar, y el mismo Sartre, después deberá reconocer que su claridad (en “El ser y la nada”) es pura ignorancia, y que el psicoanálisis es indispensable en el mundo moderno.
Otro autor muy notable, Dr. Hesnard, había escrito un libro por la misma época de El ser y la nada que denominó “El universo mórbido de la culpa” en el cual se producía una gran superación del pensamiento de Freud, superación saludada con gran alarde en el prólogo del doctor Wallon, presidente del Instituto Francés de Psicología; pero unos 22 años más tarde, el Dr. Hesnard produjo otro libro que se llama ”La obra de Sigmund Freud y su importancia para el mundo moderno”, que publicó en el año 1963, en el cual descubre también lo mismo que Sartre, que la superación del psicoanálisis era un desconocimiento del psicoanálisis.
Esa historia de la superación es una historia muy interesante y la traigo aquí a cuento, como una alerta sobre la dificultad intrínseca del tema que vamos a tratar; una dificultad contra la que desgraciadamente no podemos hacer nada, porque hay cosas que son difíciles en su propia esencia, que no depende de nuestra exposición, aunque podamos hacer un esfuerzo para simplificarlo. De la misma manera que no se puede enseñar la doctrina de Einstein, por ejemplo, en términos de aritmética elemental, hay también una parte fundamental del pensamiento de Freud que no se puede simplificar demasiado y debemos aceptar el trabajo de abordarlo.