
El psicoanálisis nos enseña que no existimos donde creemos que existimos, a nivel del sentido, sino en su continua creación. Dicho con más propiedad, en los dos lados, en el sentido y un paso antes, en el lugar en que este se produce.
Sentimos nuestra identidad a partir de un yo consciente que cada mañana al despertar se encuentra en el mismo lugar del mundo como sujetos de nuestra historia.
Cuando descubrimos que lo que nos hace existir no es el sentido sino su búsqueda podemos caer en una interpretación nihilista de la realidad, entender como quien dijese: no soy lo que creía, me siento desilusionado, nada hay verdad.
Como dio a entender el poeta Menassa joven: “Buscar eternamente no carece de nada, tengo y lo sé, esa es la verdad”.
La realidad humanita es la ilusión. Realidad de ilusión, que no ilusoria, la dimensión del deseo es una verdadera realidad.