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martes, 31 de diciembre de 2019

AMY WINEHOUSE Y EL VINO.



La droga más poderosa es la mente.



“Aunque es posible que ese carácter irredento no supusiera una alternativa a la fantasía de la rehabilitación, sino que más bien constituyera otra clase de fantasía. Es posible que esa actitud de "a tomar por culo" fuera otra fantasía. Es posible que nuestra visión colectiva de su alquimia, de esa fusión entre dolor y melodía, se basara en un mito que no era del todo real. Tal como lo expresó el poeta John Berryman, hasta él tuvo que luchar contra el "engaño de que mi arte dependía de mi alcoholismo". Era un engaño que Berryman creía que debía romper si quería llegar a estar sobrio.” *Leslie Hamilton

Creo, como Hamilton, que la droga más poderosa es la mente; en este sentido, que el vino era la propia Amy. 

No hay todo, eso es todo. La mente trabaja buscando el absoluto, tratando de hallar la existencia del todo.
No lo hay, pero ella no ha de dejar de buscarlo. Es la droga del pensar humano que, cuando no pone en funcionamiento este mecanismo de buscar lo absoluto, se droga con sustancias químicas o con conductas de las que se vuelve dependiente sintiendo que con eso lo consigue.

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